Nuestra América: El hemisferio occidental le pertenece a todos sus habitantes, no solamente a Estados Unidos

February 2, 2026 | 6:02 am
A globe centered on The Americas, sitting on a wooden table top with a blue background.Richard Drury/Getty Images
Juan Declet-Barreto
Senior Social Scientist for Climate Vulnerability

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal…”

-José Martí, Nuestra América

En apenas las primeras semanas del 2026, las acciones del presidente Trump han creado tumulto y desasosiego de una magnitud no vista en mucho tiempo en el continente americano. El secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores en Venezuela violentó el derecho internacional tanto como el propio en Estados Unidos. Dicha incursión militar se llevó a cabo sin la autorización del Congreso (requisito según resolución vigente de poderes de guerra en dicho poder legislativo) y también en violación de la Carta de las Naciones Unidas.

El gobierno de Trump alegó que Maduro lidera una organizacion internacional de narcotraficantes con el colorido nombre Cartel de los Soles, entidad apócrifa cuyo nombre se inspiró en las medallas en forma de sol que los generales venezolanos portan en sus uniformes.

Dicho pretexto fue abandonado durante el inicio del proceso criminal por narcotráfico en contra de Maduro, cuando el Departamento de Justicia federal desistió de lo que algunos ven como un dudoso reclamo. Resulta que el Cartel de los Soles no es una organización como tal, sino un término coloquial acuñado por Estados Unidos para describir un grupo de líderes militares corruptos en el país suramericano.

De hecho, un análisis reciente de datos de trasiego de drogas de la oficina de Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC en inglés) arrojó que Venezuela no contribuye la gran cosa a suplir cocaína ni fentanilo a Estados Unidos.

El objetivo en Venezuela nunca ha sido la democracia ni detener el trasiego de narcóticos

Eliminado el pretexto de que Maduro fue sacado de Venezuela por liderar una red de narcotráfico y dado el pequeño rol que juega Venezuela en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, el verdadero motivo tras la incursión ilegal y desestabilizante en Venezuela por parte de Trump queda claro: apoderarse de los vastos recursos de combustibles fósiles y recursos minerales de Venezuela.

Y para ello han revitalizado la larga historia del intervencionismo del Siglo XIX amparado en la Doctrina Monroe, a su vez inspirada por la ideología racista y supremacista del Destino Manifiesto. Ahora renombrada como la “Doctrina Donroe” (combinación del primer nombre de Trump con Monroe), regresa cual sortilegio para imbuir de ímpetu las renovadas ínfulas imperialistas del gobierno de Trump.

Un breve aparte histórico: la Doctrina Monroe supone que el hemisferio occidental es el área natural de influencia, donde por mandato divino según la ideología del Destino Manifiesto, Estados Unidos tiene el derecho absoluto de control e influencia, sin importar el resto de las naciones vecinas.

Dicho de otro modo: la Doctrina Monroe encarna la supremacía blanca del Destino Manifiesto en clara expresión de política exterior para el hemisferio. Y dicha doctrina se ha utilizado para justificar una incursión militar, secuestro, y el robo de yacimientos petrolíferos que no le pertenecen a Estados Unidos. Y para adelantar sus intereses geopolíticos, el gobierno de Trump busca controlar el petróleo venezolano para reducir la influencia de China y Rusia en América Latina tanto como para someter a la obediencia a aquellas naciones latinoamericanas que no se arrodillan ante los antojos de Trump.

America y Nuestra América: no es lo mismo, ni se escribe igual

La arrogancia hemisférica del supuesto exceptionalismo americano viene clavado en el término coloquial (por demás geográficamente incorrecto) para referirse a Estados Unidos: America (en inglés, sin acento). Esta toponimia encierra el rol de civilizador que Estados Unidos ha reservado para sí en el continente americano.

Una caricatura publicada en 1899 en la revista de política Puck comunica claramente dicha visión con sus fundamentos racistas. Los entonces territorios de Puerto Rico y las Filipinas—recién adquiridos—junto con Cuba y Hawai’i se muestran como mugrosos y grotescos niños bajo la tutela del Tío Sam, maestro con mirada amenazante e imponente. Los nuevos estados de Arizona, Alaska, California, Nuevo México y Texas aparecen como ejemplares y límpidos alumnos quienes estudiosamente leen sus textos sobre civilización. La escena queda completa con una ofensiva caracterización de un Afroamericano como el custodio de limpieza, un confundido alumno Indígena sentado en la parte posterior del aula quien trata pero no puede aprender el abecedario, y un alumno asiático (ataviado como un estereotípico Chinaman) con ganas de aprender pero excluido del salón de clases.

A pesar de que esta caricatura solo presente dos naciones caribeñas, comunica claramente el modo de pensar que forjó la política exterior estadounidense en América Latina en función de la seguridad nacional e intereses geopolíticos. Esta ideología regresa bajo el gobierno de Trump sin los pretextos de civilizar y democratizar presentados durante las intervenciones en Cuba, El Salvador, Chile, Guatemala y Nicaragua, por decir. La visión agresiva, egoísta e individualista del gobierno de Trump hacia la América Latina, expresada claramente por el secretario de estado Marco Rubio, “Este es NUESTRO hemisferio”, queda diametralmente opuesta a la visión panamericanista que emergió durante el Siglo XIX entre libre pensadores y líderes latinoamericanos. En las palabras del célebre héroe nacional cubano José Martí: Nuestra América.

School Begins (Empiezan las clases), caricatura política publicada en 1899 en la revista Puck, muestra el pensamiento racista y supremacista hacia los pueblos latinoamericanos y en el Pacífico. Fuente: Biblioteca del Congreso.

En la visión martiana de Nuestra América, las naciones del hemisferio occidental co-existirían en paz, priorizando la prosperidad social, económica y política tanto como el bienestar de todas las naciones, sin potencias hegemónicas (ni colonizadores europeos ni Estados Unidos) por encima de otras naciones.

¿Suena utópico e inalcanzable? Tal vez. Pero Martí, junto con millones de latinoamericanos, no se han equivocado al rechazar el paternalismo de la Doctrina Monroe.

Los líderes latinoamericanos no están pintados en la pared

Es posible una Nuestra América en base a la colaboración, cooperación y el diálogo. A esto le están apostando los líderes de las dos economías más grandes de América Latina—Claudia Sheinbaum en México y Luiz Inazio Lula da Silva en Brasil. En Colombia, Gustavo Petro ha condenado la incursión en Venezuela tanto como las amenazas personales de Trump en su contra. Mientras la prensa en Estados Unidos se enfoca en repetir las bravuconadas que salen de la boca de Trump, Sheinbaum y Lula se comportan con seriedad y urgen un retorno a la colaboración sin intervencionismo y con respeto a la soberanía e integridad territorial de las naciones latinoamericanas. Todo esto va de acuerdo con la larga trayectoria de ambos países en la no injerencia en los asuntos domésticos de otros países.

En respuesta a las amenazas tácitas tanto como explícitas de Trump contra México, Sheinbaum dijo recientemente: “[E]s necesario reafirmar que en México manda el pueblo y que somos un país libre, independiente y soberano. Cooperación, sí; subordinación e intervención, no”. Y Lula por su parte afirmó que el ataque s a su vecino Venezuela representa una “afrenta gravísima a la soberanía de Venezuela”.

La guerra petrolera y el intervencionismo desestabilizan la región y el clima global

La gran diferencia hoy día en comparación con los tiempos de Martí es que el uso de la Doctrina Monroe y otras expresiones del mollero global de Estados Unidos están motivadas por el implacable deseo de controlar las fuentes de combustible fósiles, elementos de tierras raras, y otros recursos para perpetuar el capitalismo fósil.

Como recién dijo mi colega Kathy Muley, apostarle a la industria de combustibles fósiles es una mala apuesta por muchas razones.  Añadir más petróleo a un mercado global de por sí saturado no rendirá ganancias en el corto plazo, empeoraría las vidas de los venezolanos, afectaría de manera negativa el bolsillo de los consumidores en Estados Unidos, y perjudicaría la ya precaria situación del sistema climático global. El petróleo venezolano extrapesado es muy viscoso, y requiere mucha energía para extraerlo a la superficie, lo cual aumentaría las emisiones solamente para su extracción y procesamiento. Millones de venezolanos han sido desplazados por la crisis social, económica y climática en su país. Si la situación en Venezuela empeora debido a un desastre climático o a una incursión a gran escala por parte de Estados Unidos, pudiera desatar un alza en el desplazamiento a países de la región como Perú, México y Colombia quienes ya han recibido millones de venezolanos.

La intervención en Venezuela y el secuestro de Maduro son también patadas de ahogado de un gobierno en Estados Unidos que desesperadamente busca desviar la atención de sus crisis domésticas —el desastre creado por el desmantelamiento de la fuerza laboral y funciones del gobierno federal, los archivos Epstein, el acceso a servicios de cuidado de la salud, el aumento vertiginoso en el costo de vida, y el endurecimiento de las redadas anti-inmigrantes y la represión política).

Estados Unidos no está por encima de las leyes internacionales ni nacionales

Al margen de las renovadas aspiraciones imperiales de Estados Unidos, y ahora con la amenaza de anexión a Groenlandia en adición a la incursión en Venezuela, vivimos en un mundo de leyes internacionales y nacionales. En Estados Unidos, el Congreso y todos los sectores de la sociedad civil deben exigir el retorno a un estado de derecho doméstico e internacional respecto a la integridad territorial de todos los países del hemisferio occidental. Repartirse el hemisferio según los intereses geopolíticos del gobierno de Trump y sus amigos en la industria de los combustibles fósiles deja fuera a los casi mil millones de habitantes que componen el resto de los países del hemisferio. Las acciones de Estados Unidos han puesto al planeta en una trayectoria que acelera el calentamiento global, aunada por conflictos regionales y globales para controlar el recurso fósil. Un mundo distinto que no esté fundamentado en el asqueroso supuesto del gobierno de Trump de la ley del más fuerte es posible.