¿Cómo cambiará California con el cambio climático? La Quinta Evaluación nos da algunas pistas

October 19, 2026 | 10:39 am
Brian Wangenheim/Unsplash
Ángel S. Fernández-Bou
Senior Climate Scientist

Hoy California publica su Quinta Evaluación del Cambio Climático. Desde 2006, el estado recopila cada cierto tiempo la mejor ciencia disponible sobre cómo nos está afectando el cambio climático, y hoy la ley exige hacer estas evaluaciones al menos cada cinco años. Se basan en lo que llamamos “ciencia de síntesis”: se reúne lo más avanzado de la ciencia climática en una serie de informes que los científicos escriben a lo largo de varios años, con el apoyo de las comunidades y de las Tribus, y que después revisan expertos independientes.

Antes de llegar a UCS, coordiné el informe regional del Valle de San Joaquín para la Cuarta Evaluación del Cambio Climático de California, la primera evaluación hecha específicamente para el Valle. En aquel entonces escribimos sobre lo que podía pasar: sequías más largas, menos nieve en las montañas, más pozos secos, más calor extremo y cambios bruscos de la sequía a las inundaciones. Desde entonces hemos visto cómo buena parte de eso se ha cumplido, y a veces con más fuerza y más seguido de lo que esperábamos.

Lo que hemos vivido en los últimos años

Desde que se publicó la Cuarta Evaluación, California ha recibido golpes muy duros de eventos causados o agravados por el cambio climático. La sequía de 2020 a 2022 dejó sin agua miles de pozos domésticos, sobre todo en comunidades desfavorecidas. Luego vino un invierno de ríos atmosféricos, con nueve en solo tres semanas, que inundaron el estado y trajeron de vuelta a Pa’ashi (el lago Tulare): carreteras, campos de cultivo y casas quedaron bajo el agua en el fondo de un lago que fue drenado artificialmente hace un siglo.

Y este año, la falta de nieve que dejó la capa de nieve de California en apenas el 18% de lo normal golpeó a buena parte del Oeste, y el cambio climático la hizo unas cuatro veces más probable. Nuestra investigación más reciente muestra que el cambio climático causado por las grandes compañías de combustibles fósiles está alterando de forma dramática nuestro ciclo del agua.

Nueve de los 10 incendios forestales más grandes de la historia de California han ocurrido en la última década, entre ellos el Dixie y el August Complex, que entre los dos quemaron casi 2 millones de acres (810.000 hectáreas). En los últimos diez años se han quemado en California unos 14 millones de acres (5,7 millones de hectáreas), una superficie equivalente a cerca del 14% del estado. En UCS investigamos que las emisiones de las 88 mayores compañías productoras de combustibles fósiles y cemento son responsables del 37% de la superficie de bosque quemada en el oeste de Estados Unidos y el suroeste de Canadá desde 1986.

En 2025, los incendios Palisades y Eaton se convirtieron en el desastre por incendios forestales más caro de la historia (con pérdidas estimadas de hasta 250.000 millones de dólares y más de 16.000 edificios destruidos). Murieron 31 personas directamente y se calcula que hubo unas 440 muertes indirectas. El cambio climático hizo que las condiciones atmosféricas que aumentan el riesgo de incendios fueran un 35% más probables y un 6% más intensas.

Horizonte de San Francisco bajo un cielo naranja en septiembre de 2020.
San Francisco el 9 de septiembre de 2020, el día que se recuerda como el “día del cielo naranja”. El humo denso del incendio North Complex y de otros incendios al mismo tiempo bloqueó la luz azul del sol (de onda más corta), y solo dejó pasar los colores cálidos (de onda más larga, que el humo no dispersa). Patrick Perkins/Unsplash.

Pero todos hemos visto los efectos del cambio climático por todas partes.

En Estados Unidos, el huracán Helene mató en 2024 a más de 200 personas, la mayoría en Carolina del Norte, y el cambio climático hizo que sus lluvias fueran cerca de un 10% más fuertes y sus vientos un 11% más intensos. En 2023, el calor extremo mató a 645 personas en el área de Phoenix, un récord, durante una ola de calor de un mes que, según los científicos, habría sido “prácticamente imposible” sin el cambio climático. En 2021, el domo de calor del Pacífico Noroeste mató a cientos de personas en Oregón, Washington y la Columbia Británica. Sin el cambio climático, un calor así habría sido al menos 150 veces menos probable, y si la temperatura del planeta sube otros 1,4 °F (0,8 °C), estos domos de calor, que hoy podrían darse una vez cada mil años, podrían repetirse cada 5 a 10 años.

En el resto del mundo, el cambio climático hizo que las lluvias del monzón que inundaron Pakistán en 2022 fueran hasta un 50% más intensas, con más de 33 millones de personas afectadas; hizo hasta 50 veces más probables las lluvias de 2023 que reventaron dos presas sobre la ciudad de Derna en Libia, y mataron a miles de personas; e hizo cerca de un 21% más fuertes las lluvias que en 2024 mataron a más de 230 personas en Valencia, España. A mediados de 2026, cerca del 82% de los océanos del planeta estaba sufriendo olas de calor marinas, con consecuencias difíciles de prever para los ecosistemas y la pesca. Los océanos han absorbido cerca del 90% del calor extra que atrapa el cambio climático. Eso me parece una “bomba de relojería”: ese calor ya alimenta tormentas más fuertes y olas de calor marinas, y seguirá subiendo el nivel del mar durante siglos, aunque dejáramos de emitir hoy mismo.

Es preocupante, pero si sabemos lo que viene, podemos prepararnos. Lo que tiene a muchos científicos muy preocupados es lo que vamos a dejar de saber, ahora que el gobierno actual de Estados Unidos desmanteló el equipo de autores de la sexta Evaluación Nacional del Clima, la principal herramienta del país para entender los riesgos climáticos en cada región y en cada sector.

Cuando un país deja de medir una amenaza, la amenaza no desaparece. Simplemente la vemos más tarde, cuando sale más cara, y los que tienen menos recursos son los primeros en pagarla, a veces con su vida. En 2022, la Casa Blanca calculó que el cambio climático podría costarle al presupuesto federal hasta 2 billones de dólares al año (2 millones de millones) para finales de siglo.

Esas pérdidas y esa destrucción son justamente lo que las Evaluaciones del Cambio Climático de California buscan evitar o al menos reducir.

Qué tiene de nuevo esta evaluación

Hay cuatro cosas que destacan:

El cambio climático se analiza por nivel de calentamiento, no solo por fecha. Los informes no solo preguntan “¿cómo será 2050?”, sino también “¿qué le pasará a California cuando el planeta se caliente 3,6 °F (2 °C)?”. Así la planificación se enfoca en qué tan fuertes serán los impactos y en qué inversiones tiene que hacer el estado para proteger a las comunidades.

Las proyecciones son más locales. Con nuevos métodos de reducción de escala, los modelos climáticos globales se traducen en lo que significan para los valles, las montañas, los desiertos y las costas de California.

Las Tribus y las comunidades ayudaron a construir la ciencia. Para cada informe regional se consultó a las comunidades y a las Tribus. Nosotros lo hicimos en el Valle de San Joaquín para la Cuarta Evaluación, el estado vio que así el informe quedaba mucho más conectado con la realidad de la gente, y ahora forma parte de cómo se hace cada informe. Además, esta vez las Tribus tuvieron más apoyo para hacer su propia investigación.

El enfoque está pasando a las soluciones. Ya tenemos una idea bastante clara de cómo va a cambiar el clima de California y de lo que eso va a provocar. Ahora nos estamos enfocando en las soluciones que la gente en las comunidades quiere ver y que, en algunos casos, ya está probando.

El sumario de los informes reúne los hallazgos de toda la evaluación. Estos son algunos datos que todo californiano debería conocer:

  • Va a hacer mucho más calor. Se calcula que la temperatura promedio subirá entre 3,5°F y 4,3°F (1,9°C a 2,4°C) para 2050, y entre 5,7°F y 8°F (3,2°C a 4,4°C) para 2100, según cuánto sigan aumentando las emisiones de gases que atrapan el calor en el mundo.
  • La nieve de las montañas, que es una de nuestras grandes reservas de agua, se está acabando demasiado rápido. Se calcula que la nieve acumulada en abril bajará cerca de un 40% para mediados de siglo y cerca de un 60% para finales de siglo.
  • Los cambios bruscos entre años muy secos y muy lluviosos serán lo normal. Una de cada cinco personas en California (unos 7 millones) ya vive en zonas con riesgo de inundación.
  • El humo de los incendios causará más muertes. California será el estado donde más aumenten las muertes por humo de incendios forestales, con más de 5.000 muertes adicionales al año para 2050.
  • Las olas de calor durarán más. Con emisiones altas, la ola de calor más larga del año pasaría de unos tres días en la actualidad en promedio en todo el estado, a hasta 19 días en la Sierra Nevada y 17 días en los desiertos del interior para finales de siglo. Hoy en día, las personas que viven en la calle son el 0,5% de la población de California, pero representan el 13% de las hospitalizaciones por calor.
  • El mar le está ganando terreno a la costa. Si el nivel del mar sube 0,8 pies (0,25 m) para mediados de siglo y 3,3 pies (1 m) para 2100, una tormenta centenaria podría inundar zonas costeras donde viven 166.000 personas, con propiedades por valor de $60.000 millones (a mediados de siglo), y hasta 310.000 personas y $122.000 millones en propiedades (en 2100).
  • Ya lo estamos pagando. El seguro de vivienda subió en promedio un 85% entre 2020 y 2026, y los costos de los incendios explican unos 5 de los 6,2 centavos por kilovatio-hora que subió la electricidad entre 2019 y 2024.

En las nueve regiones del estado, el mensaje es el mismo: los trabajadores del campo, las Tribus, las comunidades rurales, los inquilinos que rentan, las personas sin casa y las familias de bajos ingresos son los más expuestos y los que menos recursos tienen para recuperarse.

Vivo en el Valle de San Joaquín y he vuelto a ser coautor de la evaluación regional. El Valle es uno de los paisajes más transformados de Norteamérica, y arrastra demasiados problemas estructurales e injusticias. Por eso en UCS trabajamos tanto en esta región, sobre todo por la cantidad de oportunidades de relativamente bajo costo y alto beneficio que hay para mejorar la resiliencia climática, la prosperidad y el bienestar de la gente.

En el Valle de San Joaquín viven 4,4 millones de personas, la mayoría en comunidades desfavorecidas, y también decenas de Tribus que sobrevivieron al genocidio y al despojo de los últimos dos siglos. El Valle es, además, la región agrícola más rentable de Estados Unidos. Ha perdido el 95% de sus humedales y bosques ribereños originales, y con ellos buena parte de su resiliencia climática natural frente a sequías, inundaciones y calor extremo.

En algunas zonas, la sobreexplotación de aguas subterráneas es tan grave que el terreno se ha hundido más de una pulgada (2,5 cm) al mes durante las sequías, y eso reduce para siempre la capacidad de almacenar el agua subterránea que vamos a necesitar para asegurar el agua y la comida en el futuro.

Esto es lo que encontramos en nuestro informe:

  • El Valle se está calentando rápido. La temperatura ha subido casi 3°F (1,7°C) en el último medio siglo y podría subir hasta 5,5°F (3°C) más para 2100, una amenaza directa para los trabajadores del campo y quienes trabajan al aire libre, que son los que alimentan al país.
  • Los inviernos ya no son tan fríos. En gran parte del Valle se han perdido entre 160 y 400 horas de frío invernal en cuatro décadas, y los modelos calculan cerca de un 20% menos para mediados de siglo. Eso pone en riesgo cultivos como la nuez, el pistacho y frutas de hueso como la cereza.
  • El agua es cada vez más impredecible. La nieve se derrite antes, las sequías son más fuertes y la atmósfera tiene cada vez “más sed”. La sequía de 2012 a 2014 fue la peor en al menos 1.200 años, y al mismo tiempo los años extremadamente lluviosos son cada vez más probables.
  • El agua subterránea, nuestra “cuenta de ahorros” de agua, está sobreexplotada en unos 2,2 millones de acres-pie (2.700 hm³) al año. Eso deja miles de pozos secos y más nitrato, arsénico y uranio en el agua de las comunidades que menos pueden pagar por tratarla.
  • La agricultura va a cambiar. Según las proyecciones, la superficie de agricultura irrigada en el Valle podría bajar hasta cerca de un 40%. Nuestro sistema agrícola se construyó con agua que no tenemos y para un clima que ya no existe.

Las mismas comunidades rurales que respiran parte del peor aire del país son las que tienen más probabilidades de quedarse sin agua en sus pozos, de trabajar con un calor peligroso y de ser las últimas en recibir ayuda. La fiebre del valle, que va en aumento con estos cambios bruscos entre años lluviosos y secos y que puede ser mortal, golpea más fuerte al Valle de San Joaquín y a sus trabajadores del campo.

Pa’ashi (el Lago Tulare) reapareció en 2023 después de fuertes lluvias e inundaciones. Ángel S. Fernández-Bou.

Soluciones que ya están funcionando en el Valle de San Joaquín

La pregunta no es si el paisaje del Valle va a cambiar, sino cómo va a cambiar y quién lo va a decidir. Como muestra nuestra investigación, si reusamos tierras agrícolas de manera estratégica, en zonas de revitalización cerca de las comunidades y con las comunidades diseñando los planes, podemos ahorrar agua, reducir la contaminación por nitratos y pesticidas, restaurar hábitat y crear trabajos mejor pagados. Todo eso ayuda a construir comunidades que salgan adelante incluso con un cambio climático extremo. Si lo hacemos mal, podemos acabar con tormentas de polvo, pueblos fantasma y nuevas injusticias.

La Quinta Evaluación documenta soluciones que funcionan, en el Valle y en todo el estado:

  • Reúso de tierras agrícolas liderado por la comunidad. En Allensworth, la Asociación Progresista de Allensworth está construyendo un centro de agroecología que pertenece a la comunidad, con agricultura regenerativa, agrivoltaica y acceso a la tierra para agricultores de color (si no lo has visto, mira el minidocumental sobre Allensworth). En Fairmead, los vecinos están convirtiendo un huerto de almendros de 17,3 acres (7 hectáreas) en una cuenca de aguas de lluvia de tormenta, con hábitat nativo y un sendero para caminar. A esto lo llamamos crear zonas de amortiguamiento o de revitalización alrededor de las comunidades, y el programa estatal Multibenefit Land Repurposing Program (programa para el reúso de tierras con múltiples beneficios) financia este tipo de transición, que ya está dando buenos resultados.
  • Recarga gestionada de acuíferos. Cerca de 3,6 millones de acres (1,46 millones de hectáreas) de tierras agrícolas en el estado podrían guardar agua de las crecidas bajo tierra, para que el agua de la próxima inundación sirva en la próxima sequía, siempre que evitemos los terrenos contaminados.
  • Restaurar las zonas de inundación de los ríos y manejar mejor las presas. El Parque Estatal Dos Ríos, considerando la perspectiva de comunidades tribales Mewuk y Yokuts, convirtió una antigua lechería en la restauración de llanura de inundación más grande de California. Y operar las presas con base en los pronósticos del tiempo (FIRO, por sus siglas en inglés) permite guardar más agua sin aumentar el riesgo de inundaciones.
  • El cuidado de la tierra por parte de las Tribus. Las quemas culturales pueden reducir hasta en un 92% la probabilidad de incendios catastróficos durante una década, y la eliminación de cuatro presas en el río Klamath, después de décadas de lucha de las Tribus Yurok, Karuk y Klamath, reabrió más de 420 millas (675 km) de hábitat para el salmón.
  • Energía limpia y agricultura climáticamente inteligente, bien hechas. Los paneles solares en tierras agrícolas reusadas y la agrivoltaica pueden crear empleos y reducir emisiones, siempre con el respaldo de las comunidades. Y los cultivos de cobertura, la composta y la diversidad de cultivos ayudan a que la tierra guarde más agua y resista mejor el calor y la sequía.

Estas soluciones no solo enfrentan el cambio climático, sino también muchos de los problemas estructurales: mejoran la calidad de vida y, en muchos casos, nuestra prosperidad.

Campo inundado para recargar el acuífero en UC Merced.
Sitio de recarga de acuíferos en UC Merced. Dr. Humberto Flores-Landeros.

Las Evaluaciones Climáticas de California son clave para diseñar políticas de resiliencia justas y basadas en la ciencia, que protejan a la gente, los ecosistemas y la economía del estado frente a los impactos del cambio climático. No todos los estados tienen la capacidad ni los recursos para hacer este tipo de evaluación, pero todos la necesitamos. También necesitamos una Evaluación Nacional del Clima sólida, que lamentablemente está en riesgo por las decisiones del gobierno actual.

La ciencia nos ayuda a entender los retos que tenemos por delante y nos muestra las soluciones para construir un futuro más seguro y mejor, para nosotros y para las próximas generaciones.

Por eso agradezco tanto la Quinta Evaluación del Cambio Climático de California.